{"id":456,"date":"2019-10-03T13:55:38","date_gmt":"2019-10-03T11:55:38","guid":{"rendered":"https:\/\/observatorio.ielat.com\/?p=456"},"modified":"2024-09-22T03:45:58","modified_gmt":"2024-09-22T01:45:58","slug":"podemos-interrogar-al-futuro-rodrigo-escribano-roca","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/observatorio.ielat.com\/index.php\/2019\/10\/03\/podemos-interrogar-al-futuro-rodrigo-escribano-roca\/","title":{"rendered":"\u00bfPodemos interrogar al futuro?  \u2014 Rodrigo Escribano Roca"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Hace unos d\u00edas, tuve el placer de recibir una invitaci\u00f3n algo heterodoxa para un coloquio acad\u00e9mico. En lugar de proponerme un bloque tem\u00e1tico aburrido y petulante en el que insertar mi ponencia, como es costumbre, los organizadores me retaron a responder una premisa que, como poco, se antoja complicada: \u201cno podemos evitar los relatos del pasado, \u00bfpero podemos interrogar al futuro?\u201d. Desde luego, la propuesta me pareci\u00f3 estimulante, pero enseguida se me vino a la cabeza un grupo de cient\u00edficos sociales, humanistas e historiadores burlones que se re\u00edan a carcajadas de que otro historiador se armase de un pa\u00f1uelo de pitonisa y una bola de cristal para tratar de despejar las brumas del ma\u00f1ana. No es poco corriente que cuando habla uno en nuestros d\u00edas de la posibilidad de estudiar, anticipar o planificar el futuro, los acad\u00e9micos le tachen de rom\u00e1ntico, heterodoxo o charlat\u00e1n. Me dije para m\u00ed, que esto no solo es culpa de los f\u00e9rreos dogmas disciplinares que llaman al supuesto pensador a permanecer lo m\u00e1s alejado posible de las quimeras de la imaginaci\u00f3n y de la especulaci\u00f3n, bestias negras del racionalismo caduco que sigue siendo bandera de una buena parte de la academia<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tambi\u00e9n existe otro factor que explica esta alergia a pensar el futuro y a anticiparlo desde una \u00f3ptica cr\u00edtica y de largo plazo. Sin duda, las ciencias sociales y humanas est\u00e1n siendo v\u00edctimas del fen\u00f3meno cultural que pensadores como Fran\u00e7ois Hartog, Manuel Cruz o Patxi Lanceros han venido a llamar el <em>presentismo<\/em>. \u00bfQu\u00e9 es el presentismo? Se podr\u00eda resumir diciendo que es la reacci\u00f3n a la crisis civilizatoria que experimentan las democracias occidentales de nuestro tiempo. Una reacci\u00f3n que consiste en la p\u00e9rdida de confianza en los grandes horizontes de futuro emergidos con la modernidad (la democracia representativa, el libre mercado, el progreso pol\u00edtico y moral) y la consecuente p\u00e9rdida de inter\u00e9s en la interpretaci\u00f3n significativa del pasado y la extracci\u00f3n de lecciones de la misma. No es este un tema balad\u00ed para aparecer en un Observatorio Pol\u00edtico que se precia de la capacidad prospectiva de sus columnistas. Por supuesto, no es posible determinar c\u00f3mo y por qu\u00e9 debemos interrogar al futuro en una mera columna de opini\u00f3n, con lo que lo m\u00e1s eficaz ser\u00e1 recurrir a una peque\u00f1a an\u00e9cdota hist\u00f3rico-literaria que nos sugiera respuestas al respecto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En 1904 el \u00e1cido periodista y escritor ingl\u00e9s Gilbert Keith Chesterton, conocido por sus coet\u00e1neos como \u201cEl Pr\u00edncipe de las paradojas\u201d escrib\u00eda una novela futurista llamada <em>El Napole\u00f3n de Notting Hill<\/em>. Ambientada en un hipot\u00e9tico 1984, la novela describ\u00eda una Inglaterra anodina, pol\u00edticamente dominada por un ej\u00e9rcito de tecn\u00f3cratas que hab\u00edan sepultado cualquier tipo de disputa e imaginaci\u00f3n pol\u00edtica bajo un oc\u00e9ano de c\u00e1lculos racionales. Tal falta de importancia ten\u00eda ya la gesti\u00f3n de lo pol\u00edtico en esta Albi\u00f3n ficticia, que el rey se eleg\u00eda por sorteo. Sin duda, Chesterton hab\u00eda perfilado este particular horizonte ficcional a partir de su rigurosa observaci\u00f3n de las tendencias expansivas y centralizadoras del estado brit\u00e1nico de su tiempo. Sin embargo, en el primer p\u00e1rrafo de la novela \u00e9l mismo se re\u00eda abiertamente de su propia capacidad prof\u00e9tica, as\u00ed como de las ansias de anticipar el futuro hist\u00f3rico que exhib\u00edan sus contempor\u00e1neos. Dec\u00eda Chesterton:<\/p>\n<blockquote><p>La raza humana, a la que tantos de mis lectores pertenecen, se ha dedicado a juegos infantiles desde el principio (\u2026) Y uno de los juegos que m\u00e1s le divierten se llama \u201cNo desveles el futuro\u201d, y tambi\u00e9n \u201cEstafa al Profeta\u201d. Los jugadores escuchan con atenci\u00f3n y respeto todo cuanto predicen los hombres inteligentes para la pr\u00f3xima generaci\u00f3n. Despu\u00e9s esperan a que todos los hombres inteligentes se hayan muerto y los entierren como es debido. Y entonces van y hacen otra cosa. Esto es todo. Sin embargo, para una raza de gustos sencillos es una gran diversi\u00f3n.<\/p><\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si uno conoce el contexto, sabe que Chesterton estaba ridiculizando a una escuela de historiadores y fil\u00f3sofos universitarios, liderados por John Robert Seeley, Hugh Edward Egerton, Sir Arthur Percival Newton o Sir Lionel Curtis. Todos estos intelectuales ocupaban u ocupar\u00edan c\u00e1tedras de historia nacional e imperial en Oxford, Londres y Cambridge y todos ellos estaban convencidos de que el valor de la historiograf\u00eda resid\u00eda en su condici\u00f3n de ciencia humana aplicable a la predicci\u00f3n y la planificaci\u00f3n del futuro geopol\u00edtico y econ\u00f3mico de Gran Breta\u00f1a. Partiendo de sus teor\u00edas y relatos en torno a la historia mundial, estos intelectuales previeron el ascenso definitivo de Rusia y Estados Unidos como superpotencias, el estallido de conflictos intestinos en la Europa continental y el choque entre el comunismo internacional y las democracias capitalistas del globo. Sus historias siempre culminaban con un cap\u00edtulo predictivo y propositivo, que generalmente sugiri\u00f3 la transformaci\u00f3n del Imperio brit\u00e1nico en un estado federal de escala planetaria o la alianza de las potencias anglosajonas como gendarmes del capitalismo y el liberalismo mundial. Un antiimperialista, irracionalista y esc\u00e9ptico como Chesterton no pod\u00eda militar con estas prognosis y planificaciones. De ah\u00ed su burla inicial contra el arte de la profec\u00eda y contra la posibilidad de interrogar a un futuro al que el libre albedr\u00edo de las sucesivas generaciones hac\u00eda indescifrable.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No obstante, deleitarse con el primer p\u00e1rrafo del Napole\u00f3n de Notting Hill no basta para entender las ideas de Chesterton sobre el futuro hist\u00f3rico. Siempre instalado en la iron\u00eda, el ingl\u00e9s lanzaba al final de la novela un mensaje esperanzador en torno al poder de la premonici\u00f3n como herramienta de liberaci\u00f3n intelectual y como detonante del cambio social. Sus dos quijotescos protagonistas son los que nos transmiten esta lecci\u00f3n. Auberon Quin, un buf\u00f3n adicto al humor y a la subversi\u00f3n es elegido rey por sorteo y para ridiculizar un mundo que le resulta terriblemente aburrido obliga a los barrios de Londres a adoptar la her\u00e1ldica medieval, a autogobernarse y a practicar una suerte de patriotismo feudal. Su previsi\u00f3n es que tras una serie de episodios rid\u00edculos y ca\u00f3ticos ante los cuales se divertir\u00eda, los tecn\u00f3cratas impondr\u00edan una vuelta al mundo gris controlado por un estado centralizado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, aparece Wayne, un joven idealista de Notting Hill que se cree a pies juntillas la ficci\u00f3n patri\u00f3tica perge\u00f1ada por Auberon, se hace con el gobierno de su barrio y comienza a impedir que los tecn\u00f3cratas contin\u00faen sus proyectos ferroviarios y empresariales, los cuales est\u00e1n devorando los espacios p\u00fablicos empleados por los vecinos. Wayne declara una guerra entre Notting Hill y los barrios vecinos y, sorpresivamente, termina venciendo la contienda. Este rom\u00e1ntico prev\u00e9 que su barrio se convertir\u00e1 en un ed\u00e9n de patriotismo local, que convivir\u00e1 pac\u00edficamente con el resto de Londres. Sin embargo, los vecinos de Notting Hill, ya del todo contagiados del ethos medieval de Wayne se lanzan a convertir el barrio en un imperio, conquistando los distritos vecinos. \u00c9stos, a su vez, se suman al delirio y hacen caer el imperio de Notting Hill, proclamando la independencia sacrosanta de sus barrios. La imagen final es la de un mundo que ni Auberon ni Wayne deseaban ni hab\u00edan previsto, pero que, de alguna manera ha visto morir el yugo a la imaginaci\u00f3n, a la libertad y al sentimiento c\u00edvico que hab\u00edan impuesto los tecn\u00f3cratas. Los dos protagonistas concluyen que el mundo ha trastocado la esencia de sus respectivos proyectos, pero tambi\u00e9n se congratulan al pensar que sus proyectos han transformado a ese mismo mundo a mejor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Chesterton nos ense\u00f1a que el valor de una profec\u00eda, de una predicci\u00f3n o de una prognosis no reside tanto en la exactitud de su cumplimiento como en el hecho de que, al elaborarla y luchar por que se cumpla, podemos contribuir a que el mundo se transforme a mejor. No se trata, por tanto, de imponer nuestras utop\u00edas, prospecciones o sue\u00f1os al mundo complejo en que estamos inmersos, sino de convertirlas en condici\u00f3n de posibilidad para desarrollar acciones que nos permitan construir el futuro en libertad.\u00a0 En mi opini\u00f3n, la inmensa mayor\u00eda de humanistas e historiadores actuales que consideran que el develamiento del futuro es una empresa imposible e irrisoria har\u00edan bien en tomar nota de las complejas consideraciones arrojadas tanto por Chesterton como por sus coet\u00e1neos, aquellos historiadores imperialistas, racistas y euroc\u00e9ntricos. Ya sea imitando a Chesterton y realizando prospecciones basadas en la imaginaci\u00f3n y la iron\u00eda, o ya sea emulando a los historiadores tardo-victorianos en sus grandes inferencias hist\u00f3ricas en torno al ma\u00f1ana, es deseable que los historiadores, humanistas y cient\u00edficos sociales contempor\u00e1neos se apliquen de nuevo al h\u00e1bito de pensar y construir el futuro, abandonando de una vez por todas la abulia intelectual en que nos han sumido los dogmas disciplinares mal entendidos y las incertidumbres cr\u00f3nicas de nuestro presente.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace unos d\u00edas, tuve el placer de recibir una invitaci\u00f3n algo heterodoxa para un coloquio acad\u00e9mico. En lugar de proponerme un bloque tem\u00e1tico aburrido y petulante en el que insertar mi ponencia, como es costumbre, los organizadores me retaron a responder una premisa que, como poco, se antoja complicada: \u201cno podemos evitar los relatos del &#8230; <a title=\"\u00bfPodemos interrogar al futuro?  \u2014 Rodrigo Escribano Roca\" class=\"read-more\" href=\"https:\/\/observatorio.ielat.com\/index.php\/2019\/10\/03\/podemos-interrogar-al-futuro-rodrigo-escribano-roca\/\" aria-label=\"Leer m\u00e1s sobre \u00bfPodemos interrogar al futuro?  \u2014 Rodrigo Escribano Roca\">Leer m\u00e1s<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"spay_email":"","footnotes":""},"categories":[51],"tags":[],"class_list":["post-456","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-historico"],"jetpack_featured_media_url":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/observatorio.ielat.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/456","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/observatorio.ielat.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/observatorio.ielat.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/observatorio.ielat.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/observatorio.ielat.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=456"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/observatorio.ielat.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/456\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":457,"href":"https:\/\/observatorio.ielat.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/456\/revisions\/457"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/observatorio.ielat.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=456"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/observatorio.ielat.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=456"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/observatorio.ielat.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=456"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}